Un Nuevo Año. Un Nuevo Comienzo Con Dios.

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Resoluciones de Año Nuevo

El mundo tiene una tradición muy común con el cual comienza cada año nuevo. Son las infames Resoluciones de Año Nuevo. La idea de comenzar un nuevo año trae la inspiración de comenzar una nueva vida, nuevos objetivos, y traer cambios positivos. Es una gran idea, pero su infamia proviene del mal desempeño que la mayoría de las personas tiene año tras año. Cada año las personas establecen resoluciones, cambian su estilo de vida durante un mes, si es que lo hacen, y luego vuelven a sus viejos hábitos.

Como cristianos, tenemos una oportunidad interesante en el Año Nuevo. Las resoluciones son geniales, pero no es la fuente de nuestra esperanza de cambio. No son nuestro motivo en la búsqueda de una vida mejor. Tanto nuestra motivación para el cambio como nuestra esperanza de éxito encuentran su fuente en una cosa. O debería decir en una persona. Jesucristo es nuestra esperanza, nuestro cambio, nuestro Salvador, el que hace que todas las cosas sean nuevas.

El Poder del Amor

“El amor de Cristo nos lleva a actuar así, al pensar que si uno murió por todos, entonces todos murieron; y él murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. Así que, de aquí en adelante, nosotros ya no conocemos a nadie desde el punto de vista humano; y aun si a Cristo lo conocimos desde el punto de vista humano, ya no lo conocemos así. De modo que si alguno está en Cristo, ya es una nueva creación; atrás ha quedado lo viejo: ¡ahora ya todo es nuevo! Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo a través de Cristo y nos dio el ministerio de la reconciliación. Esto quiere decir que, en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, sin tomarles en cuenta sus pecados, y que a nosotros nos encargó el mensaje de la reconciliación.” 2 Corintios 5:14–19 (RVC)

Lo que Pablo nos revela en su carta a los Corintios es la hermosa verdad de la reconciliación. El amor de Cristo tiene el poder de transformar nuestras vidas. Nos motiva a unirnos a Cristo en su muerte, morir a nosotros mismos, no vivir más para obtener ganancias egoístas; para luego unirnos a Cristo en su resurrección. Es decir, motivado por su amor por nosotros, ahora vivimos desinteresadamente, entregando nuestras vidas a Dios y viviendo para él. Ahora vivimos no según la carne, que es nuestra naturaleza egocéntrica, sino a la luz de nuestro potencial a través de la reconciliación con Dios. A través del poder del amor de Cristo, podemos incluso dejar de tratar a los demás en respuesta a su carne, y aprender a relacionarnos con pecadores de acuerdo con su potencial si se reconcilia con Dios.

Nuestra esperanza es Que todo es nuevo

Aquí es donde nosotros como cristianos ponemos nuestra esperanza al comienzo de un nuevo año. No en lo que podríamos cambiar sobre nosotros mismos si nos esforzamos lo suficiente, sino en el hecho de que Cristo nos reconciliará con Dios y nos cambiará de adentro hacia afuera si simplemente aceptamos todo el poder de su amor por nosotros. En otras palabras, nuestra esperanza no está en el nuevo año, sino en Aquel que hace que todo sea nuevo.